viernes, 27 de septiembre de 2013

Como Kind of Blue

Londres llama a los pueblos lejanos,
Se ha declarado la guerra y la batalla se acerca,
Londres llama al inframundo,
Salgan ya del armario, chicos y chicas.
                                                         The Clash


    
    De pequeño yo entendía el mundo. Fue al crecer, cuando comencé a hacerme preguntas que dejé de entenderlo. Ésa es la razón por la cuál los niños y los viejos parecen felices: unos porque desconocen las preguntas, y los otros porque saben que no hay respuesta. Y lo que queda entre la inocencia de la infancia y la decadencia de la vejez es una larga travesía por un páramo repleto de dudas, sinsabores y putadas. De vez en cuando, topamos con un oasis de cartón piedra que nos embauca, echamos un polvo, y la vida nos parece maravillosa.
   Me llamo Richard Maxwell, Ritchie para los que han tenido el infortunio de toparse conmigo, tengo treinta y tres años y nunca he salido del blanco y negro londinense. Vivo, desde que nací, en un piso minúsculo de protección oficial de Bunhill Row,  -nunca entendí lo de estar oficialmente protegido, y menos en el este de Londres-, un lugar donde el aire rancio que se respira te recuerda, sin descanso, que estás abonado de manera vitalicia a la pobreza y a la desesperación.