domingo, 27 de octubre de 2013

Luces de Manhattan

Y puede que te preguntes: 
Bien, ¿y cómo he llegado aquí...?
Y puede que te digas:
Ésta no es mi bonita casa.
Y puede que te digas:
Ésta no es mi preciosa mujer.
                                    Talking Heads



“Próximamente, tendrá noticias de alguien que creía olvidado”.
    Parece ser que la conjunción de la Luna con Marte en mi signo traerá consecuencias inminentes. Irritabilidad, insomnio y una sensación de desapego del mundo me invadirán en fechas venideras. Pero fue ésa, la que da inicio a estas páginas, la frase que me intrigó sobremanera. Normalmente el horóscopo no aportaba una información tan precisa, sino que se perdía en generalizaciones de un marcado carácter impersonal. En cambio, aquel día el oráculo sentí que me hablaba directamente a mí.
    Me dispuse a afrontar el martirio de sumergirme en las densas páginas, ya vividas, del libro de mi vida. Hurgué entre las diminutas letras y escarbé en los pies de página. Retrocedí hasta el prólogo con el fin de hallar algún indicio que me llevara a un nombre, a un rostro con la suficiente osadía de perturbar mi preciado aburrimiento. Después de mucho buscar pude confeccionar una posible lista de olvidados. Desde mi cómoda butaca aguardaría pacientemente lo que los planetas me tenían preparado.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Como Kind of Blue

Londres llama a los pueblos lejanos,
Se ha declarado la guerra y la batalla se acerca,
Londres llama al inframundo,
Salgan ya del armario, chicos y chicas.
                                                         The Clash


    
    De pequeño yo entendía el mundo. Fue al crecer, cuando comencé a hacerme preguntas que dejé de entenderlo. Ésa es la razón por la cuál los niños y los viejos parecen felices: unos porque desconocen las preguntas, y los otros porque saben que no hay respuesta. Y lo que queda entre la inocencia de la infancia y la decadencia de la vejez es una larga travesía por un páramo repleto de dudas, sinsabores y putadas. De vez en cuando, topamos con un oasis de cartón piedra que nos embauca, echamos un polvo, y la vida nos parece maravillosa.
   Me llamo Richard Maxwell, Ritchie para los que han tenido el infortunio de toparse conmigo, tengo treinta y tres años y nunca he salido del blanco y negro londinense. Vivo, desde que nací, en un piso minúsculo de protección oficial de Bunhill Row,  -nunca entendí lo de estar oficialmente protegido, y menos en el este de Londres-, un lugar donde el aire rancio que se respira te recuerda, sin descanso, que estás abonado de manera vitalicia a la pobreza y a la desesperación.

martes, 27 de agosto de 2013

La balada del café ilustrado

Yo no quiero una chica que se quede colgada de mis palabras,
Yo no quiero una chica que me ría todas las gracias,
Sólo quiero alguien con quien compartir mi vida,
Y ese alguien podrías ser tú.
                                                                       Television Personalities





    Vagaba yo sin rumbo fijo madurando la idea de poner algo de orden en mi vida cuando, de improviso, fui plenamente consciente de la tiranía de la contingencia. Mis lánguidos pasos se detuvieron enfrente del misterioso pasadizo que conducía a la modernista entrada de aquel café de aires afrancesados, donde en tiempos inmemoriales aprendí a valorar la importancia de una buena conversación.
     Hay lugares que son como imanes y al pasar por delante de ellos ejercen una atracción, apenas perceptible, pero a la que no puedes resistirte. Eso es lo que me ocurrió hace quince años una mañana lluviosa del primer día de agosto de un verano especialmente caluroso en Frankfurt, al entrar por primera vez en aquel olimpo del buen gusto para resguardarme del chaparrón.